[Seminci 2020] ‘Preparations To Be Together’ y ‘Gaza Mon Amour’: el amor se impone en el palmarés de Valladolid

“Omnia vincit amor, et nos cedamus amori”, cantaba el poeta Virgilio en sus Bucólicas, y el palmarés de la 65 edición de la Seminci recuerda la importancia del gesto amoroso, su magia y su ternura, en un momento mucho más que oportuno, cuando el mundo parece asomarse a un extraño abismo. El amor ha vencido en Valladolid y lo ha hecho desplegado en las distintas maneras que tiene de manifestarse.

En Preparations To Be Together For An Unkwon Period of Time, de Lili Horvát, el amor romántico está bajo sospecha, escudriñado desde lo poético y lo elusivo, como un fenómeno y como un sentimiento del que es imposible huir. El magnetismo de la segunda película de la húngara parece haber cautivado al jurado presidido por el británico Peter Beale, que le ha otorgado la Espiga de Oro a la Mejor película de la Sección Oficial, el premio Pilar Miró a la mejor nueva cineasta además del premio a la mejor actriz para su protagonista, Natasa Stork. 

El sentimiento amoroso también se impone en la entrañable Gaza Mon Amour, de los hermanos gemelos Arab y Tarzan Nasser, reconocidos por la Espiga de Plata de la Seminci 2020 y con el premio Miguel Delibes al mejor guion. Su película habla de la oportunidad de amar incluso cuando todo parece ponerse en contra: familia, economía, conflictos políticos o bombas.

Desde un tono agridulce, bordeando la comedia, Gaza Mon Amour es la historia de un pescador palestino quien, tras recoger una estatua antigua de un Apolo fálico, siente que ha de darle un giro a su vida sentimental. El tótem sexual parece que trae suerte, porque la cinta de los Nasser es la película que representará a Palestina en la carrera por la candidatura a la Mejor película extranjera de la 93 edición de los Premios Oscar.

El amor paterno filial se ha hecho asimismo un hueco en el palmarés de la 65 edición de la Seminci. El jurado ha reconocido con el premio al mejor actor a Shai Avivi por su papel de padre entregado al cuidado de su hijo autista en Here We Are, del israelí Nir Bergman; mientras que Nowhere Special, de Uberto Pasolini, ha conquistado el Premio del Público por su historia sobre un padre a quien le quedan meses de vida y su hijo, compenetrados en la búsqueda de una familia que adopte al pequeño. 

Dos historias iraníes que abordan lo contrario al amor también han sido reconocidas. There is No Evil, de Mohammad Rasoulof, venía con el Oso de Oro de la última Berlinale bajo el brazo y en la Seminci 2020 ha recibido una Mención especial del jurado por su contundente discurso contra la pena de muerte. Planteada a partir de una historia episódica, cuyos relatos se conectaban entre sí ligeramente, Rasoulof cede en There is No Evil lo cinematográfico a la proclama, dejando también poco lugar a los matices y a las imágenes.

Con todo, su visión de Irán nos descubre un territorio complejo, por su tendencia justamente hacia lo radical. En las mismas coordenadas se sitúa 180º Rule, de Farnoosh Samadi y Premio a la Mejor película de la sección ‘Punto de encuentro’, sobre una maestra de escuela que decide asistir a la boda de su hermana en el norte de Irán, en contra de la prohibición de su marido. Obvia decir que, en la película, esa decisión conducirá a un punto de no retorno.  

Con otro ejemplo de ficción sobre la entrega baja el telón esta noche la 65 edición del certamen vallisoletano: El triunfo, de Emmanuel Courcol, traslada al entorno contemporáneo francés la historia verdadera del director sueco Jan Jönson, quien a lo largo de 1985 trabajó y representó Esperando a Godot con los reclusos de la prisión de alta seguridad de Kumla. Su trabajo fue un éxito pero el día del estreno público en Gotemburgo, cinco de los seis actores escaparon. Para la historia ha quedado lo que soltó Samuel Beckett al enterarse de la noticia: “Esto es lo mejor que le podría haber pasado a mi obra”.

Sea como fuere, El triunfo emplea la fórmula bien aprendida de cierto cine francés para poner en escena la relación de Etienne (Kad Meran) con el insólito grupo de presos que se anima a representar la famosa obra de Beckett. A pesar de bordear la complacencia habitual en este tipo de dramedias, Courcol pone de frente los dilemas éticos de la experiencia dejando de lado el cliché sobre el poder redentor del arte y señalando el egocentrismo de quien se empeña en lograr el reconocimiento público con su ‘acto de buena fe’.

¿Dónde está el triunfo, parece preguntarse la película en su corolario? Desconocemos una respuesta clara al respecto y solo podemos contestar que, en lo que a nosotros se refiere dadas las circunstancias actuales, el triunfo es poder celebrar las películas en las salas y en los festivales de cine como la Seminci, Sitges, Sevilla, Gijón, Terrormolins, Huelva y otros cuya actividad está viéndose alterada por la pandemia. 

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