7 razones para que Universal reviva Frankenstein con Guillermo del Toro

La resurrección del Dark Universe de Universal creaba una nueva apertura para traer de regreso a los monstruos legendarios de la historia del cine. Sin embargo, el batacazo en taquilla de La Momia (2017) de Tom Cruise, dirigida por Stephen Sommers, cambiaba los planes futuros de la compañía respecto a este universo expandido, apostando por filmes individuales. Una jugada que le habría salido bien a Universal a juzgar por el éxito en taquilla de El hombre invisible (2020) de Leigh Whannell, con Elisabeth Moss al frente del reparto.

Sin embargo, este cambio de programa dejaba sin desarrollar por el camino la versión del Frankenstein de Guillermo del Toro, quien siempre ha mostrado su debilidad por el personaje creado por Mary Shelley. El cineasta mexicano planeaba el regreso del engendro, otorgándole una nueva vida desde una perspectiva distinta a la abordada hasta el momento. Unos planes que lleva intentando realizar sin éxito desde hace más de una década. ¿Conseguirá el éxito del filme de Whannell revivir esta producción? En CINEMANÍA recogemos las razones por la que Universal debería dar una nueva oportunidad a este gran proyecto.

Doug Jones en la piel del monstruo

Jones ha apelado estos mismos días a la recuperación de la película que iba a formar parte del Dark Universe, señalando que la versión de Del Toro era “inquietantemente hermosa”. El mexicano había contado con el actor para dar vida al personaje, pese a que el norteamericano no cuenta con la típica estampa mental que poseemos del personaje (hombros anchos y criatura enorme). Sin embargo, ambos son colaboradores habituales desde que se hicieran amigos en el rodaje de Hellboy en 2004, tras la cual vendrían diversas colaboraciones en filmes como El laberinto del fauno (2006). Jones ha sido el encargado de aportar vida a algunas de las criaturas más reconocidas del cine de Del Toro, por lo que su participación se convierte en una de las grandes bazas del título.

Una nueva imagen para Frankenstein

Del Toro no tenía la intención de traer de regreso la reconocida imagen de los títulos clásicos de Universal como Frankenstein (1931), La novia de Frankenstein (1935) o El hijo de Frankenstein (1939). Su vuelta a la gran pantalla traería a un personaje más demacrado, delgado y patético, con una condición atlética casi sobrenatural. Un monstruo con una cara huesuda y una cabellera larga, realizado a partir de diversos cuerpos humanos.

De hecho, Jones pudo ver el trabajo realizado con el personaje para el Dark Universe durante una visita a la preproducción en Spectral Motion.  “Mis ojos se llenaron de lágrimas. Le rindió reverencia a la obra de arte de Wrightson y le ofreció un monstruo de Frankenstein de aspecto diferente al que estamos acostumbrados”. Así pues, el mexicano pretendía hacer un acercamiento a las ilustraciones renovadas sobre el personaje del desaparecido Bernie Wrightson, creador de Swamp Thing.

Ilustración de Frankenstein de Bernie Wrightson

La creación de una franquicia

Durante la Comic Con virtual mexicana este año, Del Toro confesaba una vez más su amor por el personaje creado en 1818 . En este encuentro, el cineasta mostraba otra vez su anhelo de traer a la vida a Frankenstein y denostaba una vez más su gusto por la literatura clásica, que le ha llevado a escribir adaptaciones de clásicos como Pinocho (que llegará próximamente a la cartelera) y otras versiones nunca vistas de El hobbit (J.R.R. Tolkien) y En las montañas de la locura (H.P.Lovecraft).

“Mi sueño sería hacer Frankenstein, la cual siempre he imaginado como una historia de dos o tres partes, porque para poder seguirle el paso, tienes que cambiar los puntos de vista del relato. Es un ejercicio complejo”. Esto rompía precisamente con la excusa de la cancelación por la inclusión del título en el Dark Universe y confirmaba las palabras de aquellos que habían señalado que siempre fue pensado de manera individual a los demás personajes, por lo que podría ser recuperada tras la estela de El hombre invisible.

La inclusión de su marcado estilo cinematográfico.

La adoración de Guillermo del Toro por las obras de fantasía, terror y ciencia ficción siempre han quedado ampliamente representada en sus obras en las que podemos encontrar bestias, hadas, fantasmas, vampiros… Un estilo oscuro que rodea historias originales, el cual ha situado al cineasta en una posición privilegiada, pese al poco reconocimiento de la industria cinematográfica hacia estos géneros. Esto hacía que Del Toro consiguiera alcanzar la cumbre del éxito en los Oscar de 2018 con La forma del agua, la historia de amor de su ‘anfibio’. La impregnación de este marcado estilo es perfecta para sumergirse de lleno en la reconstrucción de un personaje manido como el de Frankenstein, aportándole aristas nuevas y una perspectiva original, respetando siempre la obra del que procede. Y es que Del Toro no solo hubiera sido perfecto para realizar esta película sino el Dark Universe al completo. 

Su cariño constante a Frankenstein

La reciente exposición En casa con mis monstruos mostraba a los seguidores de la filmografía del cineasta algunos de las piezas que le han servido de inspiración o han estado presentes en sus procesos creativos, desde algunas de sus primeros filmes Cronos (1993) y El espinazo del diablo (2001), hasta otras más recientes de La cumbre escarlata (2015). La muestra también enseña objetos personales del cineasta, entre las que se encontraba una sala especial dedicada al personaje de Frankenstein. Y es que el director ha llegado a señalar que para él Frankestein es su propio Jesucristo, mostrando especial cariño a la versión de James Whale, donde el personaje era interpretado por Boris Karloff. Una sala repleta de figuras a tamaño real, que demuestran su gusto hacia el personaje de Mary Shelley.

Adaptación ‘permutada’ de la obra de Mary Shelley

“Fue años más tarde, al inicio de la adolescencia, cuando me encontré con una edición de bolsillo de la obra de Mary Shelley. Lo primero que me impactó fueron sus recursos literarios, era la primera novela epistolar que leía, y el que, de muchas maneras, guardaba poco parecido con sus equivalentes fílmicos”, son palabras del propio realizador recogidas en la obra Frankenstein anotado de Leslie S. Klingler. El respeto del realizador hacia el material original sería fundamental en esta nueva adaptación, que podría convertirse en una de las más fieles (que no literal) respecto a la literatura, con “una especie de permutación del mito”. De hecho, también incidiría en el Romanticismo literario, una corriente muy influenciada por autores como Goethe que han inspirado al cineasta.  “Los aspectos de ciencia ficción de Frankenstein siempre me han impactado como consecuencia del deseo de Shelley de exonerar a los villanos existenciales del pasado –el mal y el pecado– y abrazar solo lo racional como una herramienta para formular preguntas más profundas e importantes, que no son circunstanciales sino universales”.

El proceso creativo en la construcción de sus monstruos

“Hice un trato con los monstruos de mi habitación para que me dejaran ir al baño”, ha señalado en diversas ocasiones el mexicano. Del Toro siempre ha mostrado su gusto por personajes deformes, desgarbados, apartados e ignorados por la sociedad, continuando las influencias de los maestros Tod Browning y David Lynch, con magníficas obras como Freaks y El hombre elefante, respectivamente. El proceso de creación y construcción de sus monstruos sorprende constantemente a toda la industria, con ideas que rompen los esquemas establecidos y un realismo exagerado. Un aspecto de su filmografía que procede de su gusto desde la infancia por los animales y la biología.

Todo esto ha hecho que el latinoamericano se convierta en la actualidad en uno de los expertos más cotizados en la construcción de personajes imaginarios de esta índole y sea referente para muchos de los que vienen después. Para ello ha contado en diversas ocasiones con actores lánguidos, con estructuras corporales óseas curiosas, como las del citado Doug Jones o la del español Javier Botet (REC, Expediente Warren), a los que sabe sacar el máximo partido en la creación de sus criaturas. Películas como Blade, Mimic o Pacific Rim también avalan su trabajo con personajes de fantasía. ¿De verdad queremos perdernos como el cineasta postra este mimo hacia la producción del nuevo Frankenstein?

“El libro de Shelley me hizo llorar. Lloré por el monstruo y admiré su sed de venganza. Me hablaba de las contradicciones esenciales del espíritu y del mundo. Y más allá de toda la tragedia, una idea demoledora para mí surgía: el villano de la obra era la vida”

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